Me esperé algunos días después de terminar el primer libro de «Ana de las Tejas Verdes», porque de verdad que la historia es tan humana, y suena trillado, pero cuando decimos esto definitivamente quiere decir que supera el límite de cuando un libro es muy humano. La historia de Ana Shirley, una niña huérfana que se valía de su enorme imaginación para encontrar fortaleza, una fortaleza que la hacía desconectarse de un pasado negro y solitario. Quizá por eso me resultó tan personal, porque creo que todos en algún momento hemos hecho uso de este recurso para lograr respirar un poco cuando las cosas no van bien.
En el primer libro , vemos a Ana llegar a Tejas Verdes, su adorada Tejas Verdes, donde Marilla y su hermano Matthew la adoptan no sin algunas dudas de Marilla, sin embargo, es Matthew quien atesora a Ana desde el primer momento, callado como es, logra ver en la niña lo que los demás no podían ver en una pobre y simple huérfana, ve a una criatura llena de lo que a él le falta, una manera de expresarse y de comerse el mundo con los ojos.
A partir de su llegada a su nuevo hogar, Ana debe adaptarse a una vida a la que llamamos normal, casa, escuela, amigos, labores domésticas, pero por sobre todo, tiene que aprender a que su vida no se basa en cuidar niños ni recibir maltratos, como lo fue años atrás. Encuentra a su querida amiga Diana Barry y a su rival académico y de vida Gilbert Blythe, y algunas amigas de su escuela que le enseñan cómo no todas las personas tienen imaginación, ni podrían ser «almas gemelas» como ella le llama a esas personas con las que tiene una conexión especial.
La escritora de este libro, Lucy Maud Montgomery, nació en Canadá el 30 de noviembre de 1874, y sus libros acerca de Ana llegan a contar con ocho ejemplares. Yo recomendaría este libro por muchas cosas, pero quiero enumerar tres de ellas, la primera, lo dije al inicio, el libro es completamente humano, lleno de realidades y verdades cotidianas que pasamos por alto todo el tiempo, en segundo lugar diría que la historia de Ana puede enseñarnos a valorar los pequeños detalles de los que la vida se compone, las simplezas de la naturaleza, pueden convertirse en bálsamo para el corazón cuando no nos sentimos del todo bien, y en tercer lugar, el valor de la amistad, y es que encontrar un amigo o una amiga, un «alma gemela» que realmente crea en nosotros, que nunca violente nuestra creatividad y nos considere un tesoro, es un poco complicado algunas veces.
Entonces, ¿recomiendo este libro? A ojos cerrados, para cualquiera, en cualquier momento y en cualquier lugar. Espero que puedan leer la historia de Ana, estoy segurísima de que van a querer conocer a alguien como ella.
«Hay algo espléndido en algunas palabras: Infinito, eterno, poderoso. ¿No son grandiosas? Tienen la solemnidad de un gran órgano cuando suena» – Ana Shirley
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