No, no, esta apasionante mezcla de libros y café, no nace de hace poco tiempo con esas fotos «aesthetics» que vemos en algunas librerías donde todo está perfectamente acomodado, no, no, si es que el tema viene de siglos atrás, así que vamos a viajar en el tiempo, a una temporada en la historia en la que el pensamiento y todo este asunto de tener una opinión iba creciendo bastante entre grupos de pensadores.

Los Coffee Houses del siglo XVII
La idea de tomarnos un café y a la vez leer un libro en un espacio al que llamamos cafetería, no es nueva, de hecho, como pudiste ver si llegaste hasta aquí, esta idea tiene siglos, y es que, si nos ponemos a pensar, ¿no es relajante salir por un rato a desconectar? Claro, y así es como usamos hoy en día estos espacios, sin embargo, en el siglo XVII el asunto iba por otro lado.
Los Coffee Houses tenían un uso mucho más intenso.

Estos espacios se empezaron a conocer como las universidades de un penique gracias a que permitían discusiones y conversaciones de un valor académico y político invaluable. Las opiniones y el intercambio de puntos de vista le daba a estos espacios un poder muy grande, y es que, si se compara con las universidades es mucho más fácil pagar un penique por la popular bebida del café que se estaba haciendo cada vez más famosa, y conversar acerca de temas de interés.
«Los cafés surgieron en Oriente Medio y alcanzaron su apogeo como terceros lugares en Inglaterra, en el siglo XVII. Cuando se instalaron en Europa, se consideraban lugares peligrosos porque pronto se convirtieron en el escenario predilecto de los debates políticos. En 1650, un empresario llamado Jacob inauguró el primer coffee house en Oxford. Poco después, otros abrieron sus puertas en Cambridge y Londres. Esa “bebida negra y amarga” se consideró primero una novedad, pero no por mucho tiempo.» – Sitio Web, UNESCO.
Imagínate ser una personas de esa época, sin el dinero o los contactos para poder entrar a Oxford, por ponerte un ejemplo, entonces, nada, tenías la oportunidad de pagar un penique por un café, sentarte y escuchar, aprender y hasta poder dar una opinión. Y es que no todas las personas tenían acceso siquiera a un periódico, es decir, la información no fluía ni viajaba de la manera en la que hoy podemos verla moverse.
Estas casas empezaron a tomar fuerza, y es en Londres propiamente donde se abre la Coffee House ya lejos de Oxford. Este fenómeno permite algo muy fuerte, un diálogo en el que lo que decían los libros transcendía más allá de las aulas, acompañado por un café.
A mí en lo personal me parece que el café es una de las mejores compañías para conversar, ¿o no?
¿Qué pasó después?
La historia nos cuenta en repetidas ocasiones que el poder del conocimiento puede ser mucho más grande que el ejército más poderoso, y pues bueno, la capacidad de opiniar y conocer lo que pasaba, no era algo que le hiciera mucha gracia al rey Carlos II, quien intentó clausurar todo este movimiento, porque si existía un lugar a ojos de este rey donde se podrían formar conspiraciones, es aquí.
Sin embargo, el rey no pudo detener la historia. Aunque hoy los Coffee Houses se enfoquen en el café de especialidad y las librerías los usen como un gancho, lo cierto es que esa dupla es inquebrantable.
Para cerrar
Como ves, muchas de nuestras costumbres no nacen desde Instagram y sus tendencias, nacen de procesos sociales que no tenemos a la vista como deberíamos.
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Pame.








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